Tengo esa horrible costumbre de llamarte cuando me siento mal.
De pensarte cuando llueve.
De buscarte entre otras caras, creyendo que podría encontrar tus gestos, tu aroma, tus pensamientos.
Pero no es así.
El destino, tal cual lo predijimos nos demostró que teníamos caminos distintos.
La gente que tenemos a nuestro al rededor aun nos golpea diciendo que no somos la mejor opción del otro .
Y aun así te llamo, y aún así te busco. Aún así regresas a mi, cada vez que lo hago.
Es que si la gente entendiera que es el alma que me pide a gritos encontrarte.
Entenderían tal vez lo que es esta PURA enfermedad.
Cuantas veces dejamos que corriera el tiempo, creyendo que así nos olvidaríamos de la vida misma. Cuantas veces logramos olvidarnos por un par de horas de la existencia de la felicidad. Cuantas veces quisimos contar, con los dedos de las manos aunque sea, las personas que en realidad nos entendían y solamente pudiste nombrarme a mí, y yo nombrarte a vos. Es que si no estoy para nadie, vos sos la única excepción. Cuantas veces descubriste que detrás de todas las veces que quisiste inspirarte te diste cuenta que solo trayéndome a tu mente fue como lo lograste? Extraño es predecir que en el medio de la tarde y de la lluvia como hoy , sea yo quien te necesita. Quien te expresó mil y una vez que nadie es imprescindible para vivir y aun así, te llamo, y aun así te busco. Aún así regresas a mi, cada vez que lo hago.
~APM