A veces trato de contar cuantas veces en la vida quede sin entenderme y sin entender nada de lo que me decian en una conversacion .. A veces trato de contar cuantos gestos, caras, ademanes hacen que las palabras no existan, hacen tan simple una charla..
Quien además de mi para confiar en que con un beso se conversa, con una caricia se habla, con una mirada se dice todo..
Y de eso se trata lo que me pasó , totalmente desganada me dirigí hacia una parada de colectivo , confiada en que tal vez no me encontrara un psicologo como anoche , pero segura de que algo bueno iba a pasar, los desconocidos de la ciudad son los que mas me conocen. Espere, amotinada como todas las noche porque nuevamente olvide cargar el mp3. Llegó el Este, ese que tanto amo por su íntegro amarillo y su letra cursiva en el frente, ese que me deja mañana tras mañana en la facultad y que me trae a casa sin apuros con bostezos en la mano.
Así arrancó mi viaje, dos cuadras y el colectivo volvía a parar , no era una noche donde se viera mucha gente, la juventud estaba dormida y la multitud esperaba un tan odiable Lunes.. 10 de la noche y él subio, con su cara particularmente pintada por los ángeles, con mirada de otro mundo, con su simple remera lisa y blanca y sin decir nada pudo penetrar mi mente como si me hubiese conocido milenios antes.. Tal vez en otra vida, porque no . Subió con dos amigos, dios sabra a donde iban , se sentó en diagonal a mi y sin poder sacar la vista de sus ojos, miró a uno de los suyos y comenzo a hablarles de la forma mas tierna que alguien puede hablar, con leguaje de señas...
Que mas decir no? La vida, -esa tipa graciosa, diría un amigo-, me está haciendo noche tras noche, la mina mas simple del mundo. Que se queja de no poder escuchar sus canciones preferidas y que sonríe con lo especial. Que mira a los ojos y que puede observar.

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